¿Chica buena o chica mala?

Los siete amigos habían estado buscando una compañera de piso durante varios meses, aunque todas las interesadas acababan desistiendo, intimidadas ante la exótica oferta de vivir entre siete chicos. Todas menos una, Ingrid Blancanieves (apellido traducido al castellano), una estudiante sueca de intercambio que pensó con su habitual descaro que compartir apartamento con los siete muchachos sería una oportunidad perfecta de introducirse en la cultura local.

La llegada de Blancanieves fue celebrada por los siete amigos, que veían así como se cumplía su deseo de contar con una presencia femenina en casa. Era divertido ver cómo le dispensaban todas las atenciones y se arremolinaban a su alrededor, mientras que ella, considerablemente más alta que los muchachos debido a su origen nórdico, se esforzaba en pronunciar correctamente sus nombres.

Poco a poco la joven sueca fue siendo consciente de la atracción que despertaba en sus siete compañeros, lo que comenzó a generar en ella una cierta actitud exhibicionista, consciente de que catorce ojos conformaban un público extraordinario.

Fue así que Blancanieves comenzó a vestir con pantalones cortos y blusas de escotes vertiginosos, o a dejar la puerta del baño entreabierta mientras se duchaba, lo que era aprovechado por los chicos, cada vez más hirvientes, para espiarla. Y también así fue como Blancanieves adquirió la costumbre de preguntarles su opinión sobre sus nuevos conjuntos de ropa interior de encaje, mostrándose frente a ellos con osada procacidad.

El desenlace era previsible, y la intimidad compartida fue poco a poco incrementándose hasta el día en el que los siete amigos devoraron el cuerpo de Ingrid Blancanieves, quien alucinada trataba de acaparar las siete varas que la rodeaban, ofreciendo generosa sus manos y los tres orificios que pronto fueron perforados con habilidad de minero. Los siete amigos explotaron sobre el cuerpo compartido de la joven sueca, que entre risas mezcló con sus dedos las siete cremas, extendiéndo el resultado por sus pechos y su vientre.

A partir de ese momento fue habitual que, al anochecer, se repitiesen esas escenas de sexo general, en las que Blancanieves lamía con igual ardor a cada uno de sus compañeros, dejando que estos la penetrasen por orden y disfrutasen de su cuerpo de nodriza nórdica, a la que a veces era necesario amasar durante horas para lograr satisfacer su descomunal deseo.

El carácter encendido de la muchacha fue pronto conocido y llegó hasta los oídos de otro estudiante de intercambio sueco, quien se presentó un día en su puerta. Desde entonces, el joven sueco también se unió a las noches de ardor, en las que sorprendió a Blancanieves con su enorme bastón y dejó en evidencia a los siete amigos, que miraban descorazonados la insalvable diferencia de tamaños.

Blancanieves y el muchacho sueco no tardaron en entablar una estrecha amistad, lo que les llevó a pasar cada vez más tiempo juntos, encerrados en la habitación de ella, donde él la montaba profundamente, mientras sujetaba con fuerza su cuello y gritaba palabras en su extraño idioma.

Los meses pasaron y ambos estudiantes regresaron a sus países, dejando a los siete amigos huérfanos de esa muchacha que había sido capaz de ordeñar su soledad y había dado un nuevo significado a su vida.

Años más tarde recibirían una carta en la que Blancanieves les invitaba a su boda con aquel chico sueco, el mismo con el que la habían compartido tiempo antrás y que les había provocado un desmoronamiento que aún seguía presente al conocer el coloso que escondía entre sus piernas.

Fueron precisamente esas orgías compartidas las que atrajeron la atención del joven sueco, quien se enamoró de Blancanieves por su carácter pervertido y su audacia de ramera a la hora de innovar en la cama, sin temor a invitar a otros hombres u otras mujeres, lo que alejaba la rutina y la apatía de sus vidas. “Nunca podría estar con una chica buena, incapaz de comportarse como una auténtica puta, me aburriría con alguien así”, le confesó cuando le pidió convertirse en su esposa.

Vista esta historia, yo me pregunto, ¿Qué es mejor, una chica buena y beta o una mala y pervertida? ¿Una pareja sexualmente abierta puede divertirnos más o ser, simplemente, un problema? ¿A la larga, qué es mejor?

8 comentarios to “¿Chica buena o chica mala?”

  1. A mi me parece que la pareja tiene que ser un poco creativa, aunque no se si podria estar con una chica como la de la historia. Quiza el picante ayuda a mejorar la relacion, pero tambien pueda destruirla…

  2. Segun mi experiencia, con las chicas malas se divierten y con las buenas se casan. Pero siempre hay excepciones que confirman la regla!!

  3. Como dicen por aquí, puta en la cama señora en la calle. Aunque la de la historia se pasa. Saludos!

    • Hay que ser buena de cara al público o como diria mi abuela, la cosa no es ser decente, es parecerlo, y en pareja todo se vale!!!

  4. Me encanta todo lo que escribes, y te sigo desde hace un tiempo. Tanto lo que cuentas como la forma de hacerlo me parecen increíbles. Una actitud descarada y desafiante de plantar en nuestras caras esos tabús de la sexualidad y las relaciones. Sigue así😉

  5. Yo tengo la idea de que la mayoría de los hombres prefieren a una mujer que sea una completa dama en sociedad, pero se convierta en una puta en la cama.
    Me parece que es el equilibrio perfecto.

  6. yo pienso que eso no tiene explicación, porque TANTO SEXO CANSA y tanto libertinaje harta ,yo digo que variedad y un poco de todo!!

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