¿La presión puede acabar con nosotros?

Carlos perdió la oportunidad de su vida por un puñado de centímetros y falta de verticalidad. Su historia funesta es un triste ejemplo de cómo la presión puede acabar con nosotros en determinadas ocasiones, cuando desear intensamente algo se convierte, paradójicamente, en la senda hacia el fracaso.

Sucedió hace algunos meses, en una noche de sábado que moría irremediablemente. Los amigos de Carlos se habían marchado poco antes, mientras que él había decidido quedarse a tomar la última copa, solo, movido por ese instinto de cazador furtivo que obliga a apurar los últimos instantes con la esperanza de encontrar el cariño fugaz.

Fueron apenas cinco minutos, el sueño de cualquier hombre que busca remontar una noche vacía. Una muchacha de belleza corriente le miró y él la correspondió con una sonrisa. Ambos estaban en un estrecho pasillo, donde fumaban alejados de la pista de baile. La chica estaba acompañada de una amiga, que sostenía un cigarrillo con maneras de ramera de barrio, acomodándolo entre sus uñas largas de granate brillante. Le observaban con descaro, mientras cuchicheaban algo que no llegaba a entender. En un momento, ésa con maneras de ramera de barrio se le acercó y preguntó: “¿Estás solo?. Carlos respondió afirmativamente con un gesto escueto. “Estamos buscando a un chico para montar un trío. ¿Tú te ves capaz? ¿Lo has hecho antes?”, dijo, mientras agarraba a su amiga del brazo y la atraía hacia ellos.

Carlos escucho la oferta sin sobresaltarse. El alcohol es un sedante poderoso. Contestó con un gran “por supuesto”. “Cómo rechazar semejante billete al paraiso”, pensó impaciente. No mentía. Era cierto que tenía experiencia, ya que años atrás participó en un trío con dos adolescentes. Lo que no confesó a las muchachas es que esa primera vez supuso un pequeño fracaso porque, en un momento, su cosa se ablandó como el chicle y se negó a funcionar, posiblemente por la presión que Carlos sentía por cumplir el papel impuesto de semental. “Eso sucedió hace mucho tiempo, así que creo que ahora no debería pasar lo mismo, ya tengo muchísima más experiencia”, razonó en silencio.

Es increíble como las películas pornográficas presentan escenarios que pueden trasladarse perfectamente a la realidad. Carlos lo vivió aquella funesta noche, cuando tomaron sus abrigos y se encaminaron a un apartamento cercano, donde vivían las dos amigas. “Somos bisexuales pero ella no tiene experiencia en tríos con un hombre, por eso quiero que lo pruebe esta noche”, explicó la chica con aspecto de ramera de barrio, que parecía ser la instigadora de la depravación que les rodeaba. Carlos no pudo evitar tragar saliva y pensar en si su animal sería capaz de funcionar como deseaba. Sentía el aliento de la presión en su nuca y eso le preocupaba.

Entraron al apartamento. El temor de Carlos a que todo fuese una broma o una encerrona para robarle desapareció pronto. Se sentaron en la cocina a fumar unos cigarrillos. Entre el espeso humo besó a las dos chicas, y sacó sus pechos para lamerlos, mientras ellas se reían y le pedían paciencia. Estaba recaliente y quería sacarsela ya mismo, aprovechando esa ola de calor que le invadía. “Mmmm, eres fogoso, pero ten calma, vamos a comer algo y luego nos metemos en la cama”, pidió con una sonrisa esa que parecía una madame de burdel barato.

Ellas comían patatas fritas y fumaban. A Carlos le pareció algo repulsivo ver como los restos de comida se mantenían entre los dientes de la muchacha de belleza corriente, descuidada a causa del alcohol como una obrera en el día de paga. “No pienses en eso, concéntrate en lo bueno que te espera, no pienses en cosas negativas”, se aconsejaba Carlos a si mismo, intentando mantener su excitación con la desesperación de un condenado.

Poco después los tres cayeron en una cama grande. Ellas se besaban y pronto se desnudaron. Carlos las miraba hacer, hasta que se decidió a meter sus dedos entre las piernas de la chica de belleza corriente, mientras su amiga lamía la raja con vicio evidente. Fue entonces cuando sucedió. Su animal empezó a reblandecerse y, cuando las chicas lo buscaron con sus lenguas, encontraron un pedazo de carne que colgaba blando como un globo sin aire. “¡Otra vez no! ¡No puede volver a suceder lo mismo!”, lamentaba Carlos en silencio, pensando en cómo hacer para devolver el vigor a su cosa moribunda.

Ellas lo intentaron concienzudamente, pero la presión se había apoderado de Carlos. No tenía sentido seguir ahí, no iba a levantarse por mucho que lo desease ni que las muchachas intentasen resucitarlo. La presión había vuelto a ganar la partida y sólo quedaba levantarse, vestirse apresudaradamente y salir huyendo. “Lo siento, chicas, no puedo”, les anunció. Antes de desaparecer les dedicó una última mirada. Estaban ahí, besándose y tocándose con habilidad de artesanas. Carlos recordaría muchos años esa preciosa imagen.

De camino a casa no dejó de pensar. Siempre había funcionado bien y sólo en esos dos casos en los que había participado en un trío había sufrido la impotencia transitoria. Valoró la posiblidad de que el alcohol fuese el causante, aunque otras veces, bastante más borracho, había cumplido las expectativas con éxito. Pensó en que las muchachas no eran demasiado guapas… “Sí, quizá esa sea la razón”, pretendió convencerse. Por supuesto que se trataba de palabras vacías. Carlos conocía la verdad: la presión le había ahogado una vez más.

Recordando la historia de Carlos me pregunto si la presión es a veces un enemigo imbatible. ¿Puede la presión reblandecer nuestros deseos más profundos? ¿Sufren las chicas tambíen este tipo de presión? ¿Qué les sucede entonces?

7 comentarios to “¿La presión puede acabar con nosotros?”

  1. buenas preguntas ambas… la primera, no puedo responderla, no me ha pasado, ja!!. Me llama la atención que en varias ocasiones Carlos piensa “he cumplido con las expectativas”, supongo que ese ingrediente agrega estress y mucho, pensar en cumplir, en dar el ancho…

    A nosotras nos pasa igual, hay dias en que la excitación nunca termina en un orgasmo, por qué??? cansancio, aburrimiento, falta de concentración, problemas de comunicación, o todas juntas…el reusltado falta de lubricación, dolor…aunque si la relación es con un compañero con quien hay comunicación y afecto, en realidad no pasa nada…podemos terminar en un abrazo dulce, empiernaditos y apapachados, sin importar si él o ella han tenido alguna dificultad…si no hay afecto, pasará como Carlos, saldrán corriendo, apesadumbrados, enfrentando miles de fantasmas invencibles.

  2. Creo que los hombres muchas veces se echan demasiada presión a sus espaldas. En este caso que cuentas puede que más de uno sufra los efectos de esa presion. Muchos se pasan la vida deseando un trio y a la hora de la verdad no dan la talla. Por eso digo que las fantasias son eso, fantasias. Llevarlas a la realidad puede tener sus efectos secundarios

  3. ... Nelia ... Says:

    Hola, para empezar diré que sobre el alcohol en sí la parte buena que tiene es que te dejas llevar al 100% sin importarte nada, la contraresta es que te da igual todo. Si estás con gente que no conoces, bien, pero como alguien que ya quisieras tirarte te entre, lo mismo pasas cuatro kilos porque disfrutando ya estas! aunque no séa con el/ ella…

    Y centrándome en las preguntas: La presión que a veces nos ponemos nos puede jugar muy malas pasadas tanto a chicos como a chicas. El problema es que cuando se es muy joven, sobre todo adolescente se piensa que el objetivo es el “mete saca “. Y puede sucederte lo mismo que a Carlos que centrándo todo en ese acto su “animal salvaje” se quede dormido en su jaula. Y para las chicas es igual solo que no es tan notable el efecto. Pero realmente creo que esto es mas un problema de adolescentes inexpertos en el sexo. Con los años aprendes a disfrutar y a hacer disfrutar y eso lo ves como algo secundario que simplemente con la excitación surje.

    — Nelia —

  4. Es horrible cuando eso sucede… Y es que, por más pretextos que le busques… hay veces que simplemente no se puede.
    Hay veces que nuestras cabezas no se ponen de acuerdo…

  5. La presión lo puede todo, por eso en los momentos en que debemos responder nos apagamos. Por eso somos siempre víctimas, no estamos acostumbrados a ser protagonistas en este circo de minorías.

    http://pocoquedecir.wordpress.com/2011/04/22/el-tragico-retorno/

  6. Maldita presión… Puede acabar hasta con la verticalidad del acero… Y lo malo es que nosotros, los hombres, no podemos hacer nada contra ella, salvo ir a un psicologo.. pero en estas cosas como las “ofertas sexuales”inesperadas, o funcionas o no funcionas. Y si una vez fallas, arrastras un miedo atroz que puede pasarte factura durante toda tu vida!

  7. Yo sí he llegado a sentir presión y nervios… y las manos se me ponen tiesas… ¡de verdad tiesas! y me cuesta mucho trabajo extender mis dedos porque vuelven a juntarse como mano de momia.
    En algunas mujeres pasa que la vagina se… pues se cierra :S y no puede entrar el pene… y si entra es doloroso. Muy doloroso.

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