¿El amor nos vuelve imbéciles?

Mauricio aseguraba ser alérgico al marisco y al látex. Y si bien era cierto que comer ostras o mejillones le provocaba enrojecimiento y molestos picores, la supuesta alergia al látex no era más que una simple excusa para poder disfrutar de las mujeres sin la barrera de lo artificial. De hecho, Mauricio solía jactarse ante sus amigos de no haber usado jamás un preservativo, ni siquiera en las muchas noches de parranda en las que acabó compartiendo cama con una prostituta.

Alodía lo conoció en las escalinatas de la plaza de España, en uno de esos días de primavera en los que Roma se envuelve en una fragancia de lavanda y café tostado. Alodía visitaba la ciudad junto a un grupo de amigas y él visitaba a unos conocidos. Mauricio se ofreció a tomarles una foto. Alodía accedió, le gustó inmediatamente su rostro de hombre antiguo y la fortaleza de sus brazos de marino. Le gustó el helado de nata y nueces al que la invitó esa tarde, y la pasta al pesto que compartieron en un pequeño restaurante de la vía del Cardello. Pero lo que más le gustó fue descubrir que Mauricio vivía en un pueblo cercano al suyo, apenas a cincuenta kilómetros de distancia. Así fue como Roma alumbró el nacimiento de una relación que se trasladaría al otro lado del océano.

“Si lo tuviese ahora delante de mí lo estrangularía. Cómo pude ser tan ingenua”, me asegura Alodía. “Me creí todas sus mentiras y perdí el respeto por mí misma. Le quería tanto…” , reconoce todavía entre lágrimas.

La primera vez en que ambos se encontraron desnudos en la cama él le confesó su alergia al látex. Alodía, que en aquel momento finalizaba sus estudios en medicina, se negó a dejarse penetrar sin protección. Fue capaz de mantener esa negativa durante un puñado de semanas, hasta que una noche de diciembre le permitió entrar sin preservativo, entregándose a la imprevisible marcha atrás y olvidando las leyes elementales de seguridad sexual que sus profesores le habían enseñado durante las clases de higiene básico.

“Durante mes y medio lo hicimos casi a diario sólo de esta forma… la carne es débil”, me confiesa bajando la mirada.

Alodía pronto optó por la píldora anticonceptiva, a pesar de que sus severos problemas de hígado desaconsejaban recurrir a este sistema químico. Pero lo importante era poder disfrutar plenamente con su novio y ofrecerle el placer que merecía. “Era un tipo con un ego tan fuerte que acabó relegando el mío al de una especie de sirvienta, incapaz de ver sus cosas negativas”, explica con cierta vergüenza.

Una noche él le confesó que su alergia al látex no era más que una excusa para evitar usar el preservativo. Incluso le relató sus encuentros fugaces con prostitutas y su afición por penetrarlas groseramente, sin cuidarse de enfermedades o infecciones. Alodía le perdonó su mentira, el riesgo a contagios, la química con la que inundaba su cuerpo para darle placer y todas los demás embustes que llegarían a lo largo de los dos años que compartió a su lado. “Le perdonaba como una autómata, sin comprender que así me hacía daño a mí misma”, lamenta.

“Por supuesto tras varios sacrificios más por mi parte un día me dejó por otra, por la misma con la que ya me había engañado en otras ocasiones, mientras yo lo esperaba en su cama, paciente como una imbécil. Por supuesto no reconoció que me dejaba por otra. Ya sabes: “La culpa es tuya, no eres la misma de la que me enamoré. Se acabó el amor””, recuerda Alodía, quien hoy a duras penas ha conseguido superar aquella historia en la que ella jugó el papel de enamorada sin amor propio y él la del adorado con ego desmedido.

Esta historia me hace pensar… ¿El amor nos hace perder el amor propio? ¿Llegamos a aceptar cualquier cosa por amor? ¿No somos capaces de ver que nos engañan o se aprovechan de nosotros? ¿Qué tiene el amor para cegarnos tanto? … En todo caso, siempre he pensado que gana el que más ama, aunque aparentemente sea el que sufre. Amar es un privilegio.

8 comentarios to “¿El amor nos vuelve imbéciles?”

  1. Yo creo que el amor es como una droga, te nubla la vista y te hace hacer tonterías, bajarte lso pantalones…
    Buena historia. Salu2

  2. Creo que lo imbécil se trae de nacimiento. Al amor no le echen la culpa.

  3. A ver… Yo creo que por amor se hacen muchas cosas… Por sexo también. Y es fantástico!!! ¿Por qué va a hacer uno una locura, mejor que por sexo o por amor? Pero nunca dejarse maltratar, engañar o forzar a algo que de verdad no quieres hacer. Yo por amor soy capaz de hacer mil locuras, pero…, ¡las que yo quiera! Las que yo decida, no las que otro me imponga. Y más si intuyo -que tontitas/os no somos- que estoy siendo engañada, y además lo que se pone en juego es la salud. Locuras sí. Imbecilidades no. Y estoy convencida de que el que gana, siempre, es el que ama. Eso, el que no ha amado, no lo sabe.
    Lamento que no cuajara mi propuesta. No se puede ganar siempre… Jajaja… Pero me alegro mucho de que, tras casi un mes, hayas vuelto a escribir. Te echaba de menos. Es muy entretenido e instructivo leerte a ti, y todas las respuestas que provocas.
    Sexoabrazos : )

  4. realmente, por amor se hacen mil locuras… y perdonas mil cosas … el ehcho de decir.. q uno NO perdonaria una mentira… no es tan asi.. depsues tu piensas.. haa pero era una mentira sin sentido, no era necesario.. era una tontera… y lo perdonas… al fin y al cabo es una mentira igual, y lamentablemente el q cede primero ama mas…. pero normalmente son las mujeres la q salen corriendo para que las cosas se solucionen.. que pasa cuando eso pasa a ser una costumbre??… cuando la mujer acostumbra al hombre a rogarle por que la perdone??… por q arreglen las cosas? tratando de pensar que la mujer es la q acostumbra al hombre a eso, yo me pregunto y si el error no es mio….y si yo ya me acerque lo suficiente y no lo haceptan?… hay q dejarlo hasta q se de cuenta el solo que la esta cagando?…. muchas veces uno sale corriendo tras una persona por q el sabe q una no dejara que las cosas sean asi… una piensa.. total.. pa q seguir peliando por la misma tontera… pero el hombre despues no es capaz de entender y aceptar q el se equivoco… y para peor… se hace el enojado.. y como ve q una esta ahi … diciendole q no peleen mas.. se dan el lujo de sentirce ofendido y dudando si quiere estar bien con dicha persona, la mujer cuando se enoja al rato se le pasa.. por q es peor la idea de estar enojado .. que el mismo motivo por cual lo fue…. es por esa razon que en muchas parejas uno pregunta… y como lo perdonaste???….. pero el dolor de perder a esa persona amada es peor que el motivo por el cual lo estas perdiendo.. y uno sopesa que perdonarlo es menos terrible de lo q significa vivir sin esa persona a la cual amas tanto, y es por eso que me pregunto.. la mujer ama mas?…. o es q piensa las cosas mas con los sentimientos que con el orgullo, es verdad que el orgullo siempre esta… pero el solo hecho de no hablar con la persona .. de no hablar sobre el problema duele … y seguir asi duele mas.. q decir .. “no quiero saber nada mas de ti”……. es por esa razon que las mujeres somos las q mas cedemos primero?…. no lo se.. solo se que no me gusta q se haga costumbre, no quiero salir corriendo detras de esa persona siempre…. por q al final .. si esa persona no lo hace por ti… es por q tal ves le importas menos q su orgullo….. y al final… tal vez no te ama como dice q lo hace

    • Cuando una persona pretende que le ruegues hasta el cansancio no te ama. Una cosa es estar enojado y no aceptar la disculpa a la primera, pero eso se soluciona diciendo qué te hizo sentir enojado para arreglarlo todo.
      Como dije, lo imbécil se trae de nacimiento, al amor no le eches la culpa.
      DATE A RESPETAR.

    • creo que dices algo muy real en muchas relaciones con eso de “el dolor de perder a esa persona amada es peor que el motivo por el cual la estas perdiendo”. creo que ahi se da la solucion muchas veces a algo que no lo tiene, porqe se acabara perdiendo de todas todas. es una solucion sin sentido, dolorosa, un perdón que no llevará a ningun lugar nada mas qe a alargar algo que no vale la pena, pero claro, en ese momento se cree que sí valdrá la pena, porque el amor ciega, y mucho

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