¿Por qué tenemos miedo a estar solos?

“La peor esclavitud es el miedo a estar solo”, dijo en voz bien alta, para que le escucharan todos, cuando conoció que Inés se había rendido de nuevo al amor desangrante de Tomás Guerra. La podía imaginar en ese mismo instante, con sus ojos de verde oliva carcomidos por las lágrimas, apoyando su cabeza de mártir en el mismo hombro que llevaba tres años haciéndola sentir una mezcla de felicidad pasajera y dolor constante.

“¡¿Es que esta chica no se da cuenta de que va  arruinar su vida?!”, exclamó Jorge a la vez que golpeaba enérgicamente la mesa, como solía hacer cuando quería asegurarse de que nadie ignoraba sus palabras. Todos los presentes comprendían la indignación de Jorge, ya que era precisamente con él con quien Inés buscaba consuelo cuando Tomás Guerra la hacía sufrir con alguna de sus barrabasadas.

“No voy a volver nunca más con él, él no es para mí, n me entiende, no me acepta, me hace llorar con nadie lo ha hecho jamás”, le solía confesar Inés cuando reunía las fuerzas suficientes para echar de casa a Tomas Guerra, su novio, su amor, su rosario de desgracias durante los últimos tres años.

Con el tiempo Jorge había desarrollado la habilidad de consolar a Inés de una manera neutral, evitando cualquier comentario injurioso sobre Tomás, ya que sabía que ella siempre acabaría capitulando ante ese amor de taladro que mucho tiempo atrás ya había perforado su dignidad de hembra recia.

“No le amo, no quiero seguir llorando cuando tenga 50 años, tengo que ser valiente y dejarle de una maldita vez”, repetía Inés que, a pesar de tener el cuerpo de poderosa jaca y la belleza luminosa de un campo de trigo, arrastraba un interior devastado por las inclemencias de innumerables complejos y el dolor provocado por los canallas que habían habitado su vida desde la adolescencia.

Y no es que se pudiese decir que Tomás Guerra fuera un verdadero canalla, tan sólo era una especie de egoísta arrogante que desaparecía cuando le venía en gana para perderse durante días en parrandas interminables junto con sus amigotes, a los que agasajaba por encima de las lágrimas y los lamentos de Inés.

Tomás Guerra era un ser asilvestrado acostumbrado a no callar y a tomar aquello que se le antojaba. Así sucedía cuando deseaba gozar de Inés, y la agarraba de su grupa de yegua para subirle la falda, bajarle las bragas y poseerla con su instrumento de proporciones prodigiosas, que la hacía chillar de dolor para sumirla después en una inconsciencia febril.

“Necesito un hombre que me ponga en el primer lugar de su vida, y no en el último, por detrás de sus amigos, el trabajo, el fútbol, el póker de los lunes y el partido de los jueves, las ausencias de fin de semana o el whisky escocés de 12 años”, se lamentaba ella, consciente de su debilidad ante un novio del que habría sido fácil desprenderse definitivamente, ya que era él quien dependía económicamente de ella.

“En el amor hay que compartir”, solía decir Tomás sin esconder un tono burlón. Inés prefería no endulzar la realidad y jamás negó su miedo terrorífico a quedarse sola, a no encontrar un hombre con el que compartir la vida, a no ser jamás madre, a que Tomás fuese el último tren de su vida. “Mejor un mal tren que quedarme para siempre en la estación, sola…”, susurraba cuando se reconciliaba con él después de alguno de sus interminables amagos de dejarle. Inés tiene 29 años.

La historia de Inés me hace pensar en el miedo a estar solos que tenemos la mayoría de nosotros. ¿Por qué? ¿Por qué tememos no poder encontrar a alguien con quien compartir nuestra vida? ¿Es un temor absurdo o real? ¿La mayoría de personas están juntas precisamente por ese miedo a estar solas? Estar solo es también maravilloso… ¿Por qué tanto miedo entonces? ¿Nos quedamos a veces con lo primero que aparece precisamente por miedo a no encontrar nada mejor o a acabar solos?

10 comentarios to “¿Por qué tenemos miedo a estar solos?”

  1. bienvenido hombre!!!!!😀

    pues yo creo que mas que miedo a estar solos, es miedo a estar sin esa persona. me explico: a veces, aun que la relación en sí esté basada en mentiras, faltas de respeto, desprecios, burlas,… nos empeñamos en solo ver lo poco bueno que tiene (si es que lo tiene), y en perdonar todo lo que nos humillan o maltratan o dan de lado solo porque acabamos viéndolo como simples errores, cuando que más que errores son simple y llanamente la personaildad de esta gentuza: egoístas y despreciables. tapamos toda esa mierda con el beso de un día, o el cumplido de 20 días después, o el te quiero que algún día creímos escuchar. no es miedo a la soledad, es dependencia absoluta de quien creemos perfecto y sin embargo no nos quiere ni para dar por culo

  2. Yo también creo que no siempre es miedo tambien puede ser dependencia. De todas formas es muy triste conformarse con lo primero que pasa, da igual si es por miedo o por dependencia. Es una pena porque asi la vida se convierte en una pesadilla.

  3. Me lo he preguntado varias veces. Creo que el miedo a quedarnos sol@s es algo que está muy extendido, el ser humano es un ser social pero el problema es que a veces como en esta historia, lo llevamos al extremo. El tener una pareja no implica estar acompañados, ya que esa compañía también la podemos hallar en la familia, los amigos, etc… Lo que pasa que también hay mucha presión social de que, llegados a una cierta edad, lo que está bien visto es tener pareja, sea buena o no para nosotr@s mism@s. Muchos se conforman, otros crean dependencias totalmente insanas y auto-destructivas, y otros por suerte encuentran a una persona a la que quieren y son querid@s de vuelta, con respeto. Hay de todo en este mundo. Creo que la historia que se cuenta, lo que le ocurre a Inés no es sólo el miedo a quedarse sola, sino una profunda auto-estima denigrada, inseguridad y falta de respeto hacia sí misma. Lo malo es que, muchas de estas personas no se dan cuenta y siguen auto-degradándose en su “mundo” y refugiándose en esa pareja a la cual le importan un carajo. Ya tocamos aspectos psicológicos que van más allá del miedo…

  4. Es verdad miedo a la soledad y dependencia son las causas para que nos volvamos esclavos de ese sentimiento de querer tener a alguien en nuestras vidas, sin importarnos el maltrato que recibamos, además nos enamoramos del amor, idealizamos tanto a esa persona que nos obsesiona y no la podemos dejar ir. Que absurdo ese círculo vicioso de ir y volver a lo mismo, caer con personas que no merecen nuestro sufrimiento, así ha sido la vida.

  5. Estoy totalmente de acuerdo con Laura y Vitoria. Esta historia me recuerda al primer noviazgo tan real e intenso que he experimentado. Lo cierto es que yo fui dependiente de un chico seguro de sí mismo, aparte algo narcisista y un perdido existencial, que de repente, al poco tiempo de la relación me mandó a la goma!! Lo adoraba tanto que cuando me dejó entré en depresión y fue un lapsus horrible y desesperante!
    Y sí, posteriormente, busqué consuelo con otro chico de la escuela y fue una situación desastrosa para mí porque me sentí muy culpable e infiel (cuando ya no tenía compromiso con el primero!) :S pero en fin, psicológica y emocionalmente no estaba bien pero actualmente disfruto plenamente de mi soledad y mi mundo que en realidad no deseo otra vez involucrarme sentimentalmente con alguien pues me siento decepcionada (por lo pronto)

  6. Oye edgar, algún día podrías hablar sobre la amistad entre un gay y una mujer? Sus ventajas, desventajas y precauciones que habría que tomar😛 es que estoy pasando por una situación difícil y confusa con un amigo gay! creo que él tiene celos o no sé si yo le guste o le gustan mucho mis parejas casuales que no soporta verme con ellos!! :S😦

  7. Quien a buen árbol se arrima, buena sombre le cobija.

  8. Vuelve a escribir algo para nosotrosss!!!! Te echamos de menos😉

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