¿Estarías con alguien adict@ al sexo?

Vivían en un estado de combustión permanente en el que el sexo era el mecanismo que articulaba sus vidas. El deseo podía aparecer en cualquier momento, como un salteador de caminos. Entonces todo daba igual, y Juan y Mariana se convertían en proscritos para lanzarse inconscientes al placer. Durante los años en que estuvieron juntos lo hicieron en cines de versión original, transportes públicos, templos de diferentes religiones, recintos deportivos e incluso durante la celebración del aniversario de boda de los abuelos de Mariana.

Años después, cuando Mariana fue consciente de su adicción al sexo, un especialista llegaría a asegurarle que sufría de ninfomanía. Juan, por su parte, conviviría mejor con su condición de sátiro y, a lo largo de su vida, jamás tuvo reparos en sacar partido a su apetito inabarcable para acostarse a cambio de dinero con todo tipo de mujeres. Pero eso sucedería mucho tiempo después.

Adictos Ninfomanía

Antes, cuando todavía eran seres instintivos, poco importaba si su deseo perpetuo era o no algo reprobable. Se amaban, y su juventud inconsciente se alimentaba de un sexo permanente que parecía no consumirse nunca.

Juan la tomaba varias veces al día, y ella siempre se dejaba hacer mientras boqueaba ansiosa hasta que sentía desparramarse la leche caliente entre sus piernas. Su vagina sufría el rigor del sexo continuo, y en alguna ocasión su ginecólogo llegó a preguntarle si practicaba el sexo en grupo. Ella jamás podría imaginar entonces que aquella pregunta fue una auténtica predicción, aunque eso no sucedería hasta muchos años después.

Otras veces era ella la que se dejaba llevar por un calor inmenso que subía desde sus muslos hasta hacerse con el control de su serenidad. Siendo adulta Mariana recordaría una noche en una discoteca como una de las primeras veces en que se sintió avergonzada por ese deseo de ramera. Sucedió cuando, incapaz de resistir la sensación de vacío entre sus piernas, agarró a Juan de la mano para conducirlo en silencio hasta el lavabo femenino. El deseo era tan febril que a ninguno de los dos les importó que varias chicas les viesen entrar al WC. Allí se besaron como alucinados, mientras Juan levantaba su falda y apartaba sus bragas para poseerla sobre el retrete. Ella se desabrochaba mientras la blusa para manosear a brazadas sus pechos de hembra recia. El calor era asfixiante y pronto provocó una atmósfera de caldera en el lavabo que obligó a varias chicas con problemas de alergia a salir precipitadamente.

Justo cuando ella lamía arrodillada, la puerta se abrió inesperadamente. Allí tres tipos de seguridad vestidos con trajes negros los miraban con reprobación. “Váyanse de aquí”, ordenaron en tono seco. Mariana y Juan se compusieron precipitadamente. Ella escapó avergonzada, mientras tapaba su cara con las manos. El salió con pausa, cabeza alta, manteniendo la mirada perdida y una sonrisa candente. Le preocupaba más no haber eyaculado que el haber sido sorprendido por cuatro monos de discoteca.

Así fue su vida juntos. Un amor intenso y un sexo agreste que les hizo quererse como animales asilvestrados. Probablemente nunca se engañaron, o quizá sí, pero siempre se recordarían con la nostalgia con la que sólo se recuerda a esas personas con las que se comparte la condición de forajido.

Muchos años más tarde, Mariana se encontraría en el asiento de atrás de un coche chupando a un par de chicos de 18 años, mientras otros dos se masturbaban contemplando la escena, y manos desconocían hurgaban en su cuerpo con torpeza de invidente. Su excitación fue tan grande como la miseria con la que regresó a casa. Ese día, después de llorar bajo la ducha durante varias horas, fue consciente de que tenía un problema.

Juan jamás llegaría a ser consciente de eso, y siempre vivió su vida orgulloso de su deseo desmedido y su violento apetito.

La historia de Mariana y Juan me hace reflexionar… ¿la adicción al sexo es un vicio o una enfermedad? ¿Cómo saber si alguien es adicto o, simplemente, le gusta mucho el sexo? ¿Podríamos estar con una persona con un apetito tan voraz como el de Juan y Mariana? ¿Es mejor mucho o poco? Nos quejamos a veces de la falta de sexo pero… ¿es mejor tenerlo en exceso?

4 comentarios to “¿Estarías con alguien adict@ al sexo?”

  1. Para mi el sexo no es nunca una adiccion. Es algo que te gusta y q puedes disfrutar en cualquier momento. A la gente que le gusta le llaman ninfómanas, a las que no frigidos… La cosa siempre es igual: atacar al diferente.

  2. Me parece que Mariana es una chica completamente normal. No creo que sea adicta a nada. Eso de la adiccion s lo han inventado las beatas, la iglesia y toda esa panda de reprimido que gobiernan el mundo. El sexo es un placer que hay que disfrutar sin verguenza!!

  3. Hay que disfrutarlo, pero hombre… En público? xD Prefiero algo más privado, con mi pareja, así sí que se disfruta🙂

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