¿Señora, puta y cocinera?

Muchos hombres rechazan la idea de tener como pareja a una mujer a la que le guste salir a divertirse, beber y follar. “Esas muchachas sólo sirven para una noche”, me explica Horacio, que más bien suena como las instrucciones de un enjuague bucal: escúpase después de mantenerlo treinta segundos en la boca. “La mujer con la que uno se pone de novio o se casa tiene que ser señora en la calle, puta en la cama y ama de casa en la cocina”, afirma con un tono de tengo razón porque yo lo digo.

Así es Horacio, un manojo de pensamientos retrógrados que deforman a la mujer hasta convertirla en un ser previsible, en una repetición de escenas ausente de la magia de lo inesperado, en una puesta de sol vista desde la ventana de la oficina, sin épica. ¿O quizá tiene razón y esas palabras son resultado de siglos de evolución humana y hoy podrían ser muy útiles para evitar rupturas y divorcios? A pesar de esa duda razonable, escucho a Horacio y su afirmación me conduce a un camino oscuro a flanqueado por hileras de hombres con antorchas que gritan “Kinder, Küche, Kirche” (“Niños, cocina, Iglesia”). No es nada sexy.Perfect wife

Yo me pregunto si otro Horacio, Horacio Oliveira, se habría enamorado de una mujer así, limitada a tres posibles comportamientos dependiendo de tres únicos escenarios, como enfrentarse con un “menú del día” eterno, sin más pretensiones. Superaría a la inesperada compañía de la Maga? ¿Habría podido Cortázar inspirarse en una señora en la calle, puta en la cama y ama de casa en la cocina para escribir su Rayuela?

Pero la realidad es, y entendamos por eso lo que creemos que de verdad sucede a nuestro alrededor, que muchos hombres saldrían corriendo después de pasar una noche de pasión inesperada con la Maga. Demasiado inesperada. “Esas mujeres son como la peste para una relación, estar con alguien así sería una auténtica pérdida de tiempo, problemas seguro”, insiste mi amigo Horacio, el Horacio de carne y hueso, el que cada día trabaja ocho horas en una oficina del Gobierno local de alguna ciudad de provincias de algún país meridional. “A esas mujeres no se las puede controlar, acaban yéndose con otro, gastando tu dinero o haciéndote cualquier otra putada… Te quitan el sueño”, asegura.

Tengo que agarrar esas palabras con pinzas y meterlas en el cesto de la ropa sucia para ir apagándolas poco a poco, hasta que se hacen pequeñas y desaparecen. Aun así queda una duda flotando en el aire, como un tufillo a aula de liceo o a gimnasio mal ventilado. ¿Será cierto que la mayoría de hombres aspiran a tener una mujer domesticada? ¿Tienen miedo a la mujer independiente y emocionalmente libre? ¿Lo de señora en la calle y puta en la cama sigue conquistando el corazón masculino? ¿Se acaba la épica en el amor más allá de los 30? ¿Qué sería de la Maga hoy en día?.

3 comentarios to “¿Señora, puta y cocinera?”

  1. Yo soy de los que no les gusta “compartir”. Se que no es mía, pero en cuestión de sexo, soy de los antiguos y modernos de los que sienten que si quieres estar conmigo, te jodes, y no follas con nadie más, y por supuesto yo haré lo mismo. No me cuesta en absoluto ser fiel. No como fuera de casa por que no me llama. Estoy a gusto, encantado con lo que tengo y ni yo ni ella compartimos el sexo con nadie más. Dicho esto, que es un acuerdo tácito entre dos personas que valoran la relación que les une y que desean mantenerla en los acuerdos establecidos absolutamente personales, me provoca un enorme desasosiego pensar que hoy día las etiquetas, los esquemas, los arquetipos, los estereotipos… vuelvan con tanta fuerza. De nada serviría que una pareja dure una vida entera juntos si con ello han sucumbido a la desidia de la monotonía. La mujer es libre como lo es el hombre. A mi me gusta que a veces sea puta y a veces señora. Pero que no se encasille por favor. Se va de marcha con los amigos sin problema, pero el acuerdo tácito de nuestra relación siempre está presente. Si algún día se incumple, el acuerdo se rompe, y no pasa nada. Ha estado bien mientras ha durado. Tampoco es necesario mantener de por vida unido algo que no debe estar unido. No pasa nada. Las personas vienen y van. Entran y salen. Señora, puta y cocinera, es una imposición machista y posesiva por no perder algo que nunca ha sido tuyo.

  2. Antoninus Says:

    Yo creo que estar con una mujer que sabe cual es su lugar y su sitio tiene que ser comodo. Quiza aburrido. Tengo 46 años y antes nunca habria escrito esto, pero se agradece cuando una mujer sabe comportarse… Cuando eres mas joven te gusta la locura, pero cuando te haces mas mayor prefieres que tu pareja sepa cual es su lugar. Puede restar magia, como dice el texto, pero aporta estabilidad. Aunque decir lo de señora, cocinera y puta es machista y suena mal, pero en el fondo tiene sentido

  3. Yo me considero una maga culta y no hago putadas o quito el sueño (o bueno, eso creo) pero puedo decir con seguridad que los chicos con los que he estado se confunden, se van espantados y bueno, sigo felizmente sola, por esa razón me han encasillado como lesbiana/marimacha jajaja.
    Precisamente son esos pensamientos machistas, retrógradas y posesivos que no permiten fluir los sentimientos ni compartir buenos ratos. Distorsionan el significado del amor.

    Ya tenía un buen tiempo que no veía nuevas historias en tu blog. Es muy agradable leerte. ¡Saludos!

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